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«podemos desarrollar nuestro potencial e inquietudes en nuestro desempeño diario».

De no haber sido por la influencia de su madre, Cristina podría estar ahora dirigiendo alguna cadena Hotelera, o podría haber sido historiadora o paleontóloga, o quizás militar, como su padre. Porque aunque ahora no la concibamos desarrollando otra profesión distinta a la que tiene ,en un principio eligió las Ciencias Sociales, y fue ya en el último curso de “Managment Hotelero”, cuando decidió darle un giro a sus estudios.

Recuerda como de pequeña, mientras veía la tele, le gustaba dar masaje a su madre, quien siempre hacía referencia a las buenas manos que tenía para ser fisioterapeuta. Años después de su “crisis” como estudiante se animó a probar, jamás imaginó un cambio tan radical, pero su sorpresa fue ver que todas sus dudas se tornaron en seguridad al sentir que, por fin, había encontrado su vocación: La Fisioterapia.

Fue en la Universidad Pontificia de Salamanca, en su Campus de Madrid, donde Cristina realizó sus estudios de fisioterapia. Lo más entrañable que recuerda de esos años fue el vivir en un Colegio Mayor, donde conoció a quienes hoy en día son sus amigos; compartir esos años con ellos y crecer juntos, comenta que es algo que jamás olvidará: -“el apoyo , las interminables horas de biblioteca, los madrugones, las prácticas, las clases……….y como no: las innumerables fiestas, jejeje”.

También recuerda con mucho cariño la época de prácticas universitarias, las realizó en la clínica Fremap de Pozuelo de Alarcón y sobre esta etapa nos dice:  “la calidad humana y profesional de los fisioterapeutas que me dieron clase y dirigieron mis prácticas era y es admirable, son mi ejemplo a seguir”.

De manera un poco inesperada y cansada de contratos temporales e intermitentes en un Hospital de la zona, empezó a trabajar en Fisiobahía, comenzó con una sustitución de verano pero enseguida encajó con los compañeros y la metodología de trabajo. No se le olvidan sus primeros días aquí, expectante por ver cómo funcionaba el equipo y ansiosa por formar parte de él, con mucho afán por dar lo mejor de ella. Lo que más valora de su trabajo actual, además de la inmejorable relación con sus compañeros, es la posibilidad de ser ella misma, -“qué bueno es sentir que cada uno tenemos nuestra especialidad, y podemos desarrollar nuestro potencial e inquietudes en nuestro desempeño diario”- y añade -“a diferencia de otros centros en los que te obligan a trabajar de una determinada forma, siguiendo unos protocolos, en Fisiobahía puedo atender a cada paciente de manera individual, atendiendo a sus factores internos y externos, siguiendo nuestros criterios y sin esperar la aprobación de ningún superior”-.

Al pedirle que cuente lo que más le gusta de su profesión, a Cristina se le ilumina la cara, y hace referencia a la enorme satisfacción de poder ayudar a los demás y de empatizar con sus necesidades. En la consulta, comenta -“nos volvemos confidentes y amigos, creándose una unión muy especial”-.  Argumenta que –“aunque haya días duros, el balance es claramente positivo”-; le encanta ver lo agradecidas que son las personas y lo reconfortante de esta sensación, -“me llena el sentir a diario que el trabajo está bien hecho”-.

Pero además de todo esto, y tras su apariencia aniñada y algo traviesa, Cristina es una luchadora, y afirma que le gustaría que se acabase de una vez por todas con el intrusismo laboral, que la fisioterapia obtuviera un mayor reconocimiento a nivel institucional y que como profesión gozara de la importancia que se merece dentro de la sociedad. Es por ello que se empeña a diario en luchar por superarse y en difundir entre los más cercanos los beneficios y posibilidades de esta bonita  profesión.

Sus metas a corto plazo: seguir formándose y estudiando, acumular experiencia para poder dar lo mejor de ella. Y si piensa a largo plazo: sueña con tener su propio centro.

¡Ningún soñador es pequeño y ningún sueño es demasiado grande, lo conseguirás!