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Tengo recuerdos de estar sentada en la espalda de mi padre dándole masajes cuando sólo contaba con 4 o 5 añitos, a mi padre siempre le encantaron y quiso que aprendiera pronto. Con 13 años, mientras daba un masaje a mi tía Violeta, me sugirió estudiar para «eso», y así fue cómo ella hizo que algo en mi corazón encajara, indagué sobre el tema, y caí de golpe enamorada de la fisioterapia.

En el instituto estudié  mucho, sabía que la nota media para acceder a fisioterapia era alta, pero con mucho esfuerzo y constancia logré entrar en la carrera de mis sueños.

En la universidad tuve la suerte de coincidir con 4 chicas más del Puerto. Íbamos juntas en el coche a las clases y a las prácticas, y nos hicimos muy amigas. Hoy en día, una de ellas, Ana, es una de mis mejores amigas, aunque vive  desde hace muchos años en Italia, mantenemos el contacto y una amistad preciosa. Recuerdo mi clase como una clase excepcional, con muy buenos compañeros, muchas anécdotas y risas, pero sobre todo con mucho estudio, prácticas y exámenes. Me gradué en Fisioterapia en el año 2000.

Recuerdo un día, en el verano de 1998, que al pasar con la moto por la avenida de la Libertad para ir a la playa, ví en la fachada, aún en obras, de lo que sería posteriormente Fisiobahía , un cartel grande que decía: “Próxima apertura centro de Fisioterapia”, y en ese momento le grité a mi novio “Mira, yo voy a trabajar ahí”. Dejé mi curriculum en Fisiobahía en septiembre del 2000, y justo el 6 de enero del 2001, Mamen me llamó para empezar a trabajar con ella, lo sentí como un regalito de Reyes.  Al principio éramos sólo las dos y encajamos muy bien juntas. En unos meses se incorporó Almudena, que ahora tiene un centro en Valdelagrana, y aunque trabajábamos mucho, siempre tuvimos muy buen rollo las tres. Fue una época de muchas risas.

Del 2004 al 2007, viví en Cantabria y comencé a trabajar en una residencia de ancianos. Es el sitio donde más besos me han dado, más besos he dado, donde más he reído y donde más he llorado, ya me entendéis. En ese periodo de tiempo, algo  cambió mi vida como fisioterapeuta: fue un curso que hice en Bilbao: «Terapia Cráneo-Sacra». Al aprender esta nueva técnica, mi tacto y mi sensibilidad mejoraron infinitamente. Además, fue allí donde comencé a especializarme en Fisioterapia Obstétrica. Me atrajo al instante y tras el primer curso que hice, la Fisioterapia Uroginecológica y el suelo pélvico se convirtieron en  mi nueva pasión dentro de la Fisioterapia. Después seguí formándome: Hipopresivos, embarazo, postparto, diástasis, cólico del lactante…

Volví a Fisiobahía en 2007 , me reincorporé a esta gran familia que con el tiempo ha ido creciendo. No podría haber imaginado un trabajo mejor y con tan buenos compañeros. Fisiobahía me ha aportado muchas cosas buenas, pero sobre todo me ha traído muchas risas y muchos pacientes que se han convertido en amigos: Toñi, Carmen Cerro, Amanda, Miriam Alcántara, Mari Ángeles, mi Cristina Macías, y algunas más….  Mamen me ha impulsado siempre a sacar lo mejor de mí y a aceptar nuevos retos, a aprender a confiar más en mí misma y también a delegar.

Hace un par de años se abrió la sala de Fisiobahía Femme y es a partir de ahí que el deporte y el movimiento se apoderaron de mí. Actualmente estoy realizando los cursos de “Parir en Movimiento” y “Fisioyoga”. Soy mente y culo inquieto, jeje.

Estoy casada, tengo un gran marido, Jose, que me apoya en todo, el pilar fundamental de mi vida, y dos hijas a las que adoro, Lara y Violeta. Hace 2 años nació mi conciencia ecológica y me formé en aromaterapia. Ha sido una revolución en mi casa en cuanto a alimentación, limpieza, cosmética y minimalismo. Me encanta la repostería (ahora sana), los libros  (ahora se me acumulan) y la natación y el yoga que practico.

Mis nuevos retos ahora mismo son: dar clases online  (ahora veo lo que sienten los artistas antes de entrar en escena, jejeje) y mejorar mis tratamientos de suelo pélvico y postparto, gracias a la nueva máquina que tenemos ahora en Fisiobahía, Winback, un aparato de tecarterapia, que es como un juguete nuevo ahora mismo, que nos está ayudando a conseguir que nuestros pacientes evolucionen y mejoren más rápido. También estoy planteándome preparar un taller de aromaterapia, para enseñaros a elaborar en casa algunas cosillas de las que aprendí, todas naturales.

Mi meta en la vida: ser la mejor versión de mí misma, en la fisioterapia y en la vida, y cuidar de los míos y del planeta.

Vanessa, vuestra fisio para lo que necesitéis